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viernes, 3 de junio de 2016

Gilgamesh, la búsqueda de la vida eterna








Sabido es, - aunque no sea de buena etiqueta académica reconocerlo - , cuanto esfuerzo implica el intento de representarnos en manifestaciones y signifcaciones culturales otras que la nuestra.
Por aquello que Clifford Geertz tomara de Weber “ el hombre es un animal inserto en tramas de significación que el mismo ha tejido, y esa urdimbre es la Cultura” y para muchos ... ¡ tejidos éstos, inconmensurables! , entre otros Sapir y Whorf , de conocida teoría nominada con sus apellidos, quienes pusieron su  acento y sólida argumentación de inconmensurabilidad en el lenguaje.

Nuestra aculturación es fuerte, late y vive , llega desde el illo tempore, admirada del conquistador y de su obra etnocida  eficaz y eficiente , sentimiento que aún se manifiesta, si bien es cierto con matices, por toda la América y es enorme el latido de su fuerza en nuestra escolarización constructora de identidad y pertenencia, el peso latente de  su fuerte contenido ideológico europeísta .

Está presente a todo discurso , la saga de aquellos osados y valientes, pocos y mínimos que “pudieron” con los tantos que por aquí encontraron , siempre dibujados éstos desde toda suerte de relato o discurso infantilizados y “primitivos”, dueños  de asombradas y perplejas conductas ante el “descubridor” y sus extrañezas. Y eso consta para sabores, olores , alegrías y dolores. Instalada la rareza a toda cultura diferente a la nuestra, ésta nos envuelve y nos encierra .

Sacar entonces  a Gilgamesh de las páginas de viejas revistas de historietas en donde a título de héroe de panfleto y pacotilla fuere en su momento introducido a estas tierras   y rescatarlo  a las esferas profundas de su universalidad cultural, es y ha sido una tarea difícil y no acompañada en los hechos de demasiado éxito, más allá de los àmbitos académicos y literarios especializados. Es decir, este mito universal en su construcción, donde al decir de Levi Strauss el mito alude a hechos ocurridos antes de la existencia del mundo, durante las primeras épocas o en tiempos muy remotos, pero al mismo tiempo tiene una estructura y simultáneamente se refiere al pasado, al presente y al futuro.
Esta estructura es a la vez histórica y ahistórica, ocurre en el tiempo y también fuera del tiempo.Todo eso se presenta en La Epopeya de Gilgamesh casi que en formato bíblico, con la cual a su vez guarda parecidos sorprendentes.







La sola idea aquí es  entonces compartir , sin otra legitimación que mi admiración, sin otro objetivo que el intento de penetrar en ese Otro lejano y diferente, algunos textos de bellísima poesía , de los  tiempos en que perturbado y desconsolado por la muerte de su entrañable amigo Enkidu, Gilgamesh, héroe Rey de mil hazañas, flaquea enfrentado al  cadáver de su amigo que desde su mortalidad lo interpela y deja fluir sus sentimientos con fiereza irritada y de paso crea la más hermosa oración de amistad que rastrearse pueda en la literatura universal, doloridos versos de amor fraterno que nos llegan desde ese insondable milenario tiempo ido para sorprendernos y emocionarnos.


  •     ¡ Escuchadme ancianos, escuchadme :
     soy yo quien llora por Enkidu, mi amigo!
Me lamento amargamente, como una plañidera:
Oh...hacha de mi costado, confianza de mi mano,
puñal de mi cinto, escudo protector,
túnica de mis fiestas, cinturón de mi gozo,
un perverso demonio ha surgido y te me ha arrebatado.
  •            Oh...Enkidu,amigo mío, mulo vagabundo,
onagro de la estepa, leopardo del desierto
tú, con quien , juntos, habíamos escalado las montañas,
habíamos capturado y muerto al Toro Celeste,
habíamos abatido a Humbaba, que vivía en el bosque de los cedros,
  •            Y ahora...¿que sueño se ha apoderado de ti?
  •         ¡ Has perdido el conocimiento y ya no me oyes!




Quizá no única razón, pero si una de las más conmovedoras a nuestro héroe, la muerte de su amigo Enkidu, lleva al inicio de ese viaje de búsqueda que nutre y construye la Epopeya: Encontrar el secreto de la Vida Eterna. Viaje plagado de fatigas, de peligros y de incertidumbre. Viaje de un mortal pretendiendo evitar a toda costa tal condición inexorable y por lo cual no vacila en exponerse a los miles de riesgos para llegar a los pies de Utnapishtim El Lejano, único mortal que los dioses han permitido escapar a tal destino y a quien supone dueño del secreto.

En su camino pronto enfrentará en los confines de la Tierra, allí donde se encuentra las montañas gemelas cuyos picos rozan el firmamento y sus raices se enclavan en los Infiernos y a cuya entrada deberá sortear la entrada celosamente custodiada por horrendas y terribles criaturas, mitad hombre y mitad escorpión a quienes seduce con su valentía y arrojo y no obstante el consejo de no continuar adelante en procura de algo inalcanzable a todo mortal siendo el camino adelante jamás hollado por hombre alguno sin pagar con su vida por ello.

Las peripecias de Gilgamesh, lo llevan luego de atravesar senderos inacabales, túneles cegados a toda luz, inabarcables en medida humana de tiempo y distancia y sobre todo expuesto a la angustia de la incertidumbre más absoluta, cuando todo parecía infinito encuentra una posada y a su frente Siduri, misteriosa posadera, que viendo su calamitoso estado lo confunde con un alma perdida y vagabunda, para luego darle hospitalidad y escucharle. Una vez más, debe Gilgamesh escuchar consejos en el vano intento de hacerle aceptar lo irrealizable de su pretensión.

  •              Gilgamesh ¿por qué vagas de un lado a otro?
No alcanzarás la vida que persigues.
Cuando los dioses crearon la humanidad,
decidieron que su destino fuese morir
y reservaron la Vida para sí mismos.
En cuanto a ti, Gilgamesh, llena tu vientre
diviértete día y noche,
cada día y cada noche sean de fiesta,
el día y la noche gózalos.
Ponte vestidos bordados,
lava tu cabeza y bañate.
Cuando el niño te tome de la mano
atiéndelo y regocíjate
y deléitate cuando tu mujer te abrace
porque también eso es destino de la humanidad.









domingo, 29 de mayo de 2016

Un rey llamado Gilgamesh

Gilgamesh. Museo del Louvre

 

 

 

Hace cinco mil años, un rey llamado Gilgamesh gobernó la ciudad mesopotámica de Uruk. Pronto se convirtió en héroe y dios, y sus gestas lo hicieron protagonista de la primera epopeya de la historia, centrada en su desesperada búsqueda de la inmortalidad. En ella aparece, por primera vez, el tema del diluvio universal.

Hace casi cinco mil años, un hombre gobernó Uruk : Gilgamesh.

Prontó entró en la leyenda, convertido en protagonista de la primera epopeya de la historia, un dramático relato sobre la búsqueda de la inmortalidad.
 «Aquel que todo lo ha visto, que ha experimentado todas las emociones, del júbilo a la desesperación, ha recibido la merced de ver dentro del gran misterio, de los lugares secretos, de los días primeros antes del Diluvio. Ha viajado a los confines del mundo y ha regresado, exhausto pero entero. Ha grabado sus hazañas en estelas de piedra, ha vuelto a erigir el sagrado templo de Eanna y las gruesas murallas de Uruk, ciudad con la que ninguna otra puede compararse».
El escriba Sin-leqi-unnini («Dios Sin, acepta mi plegaria») acaba de trazar estas palabras en lengua acadia sobre una tablilla de barro fresco. Ahora cierra los ojos, como para ver mejor la espléndida  Uruk y a ese poderoso héroe que ha viajado hasta los lugares más remotos y cuyas aventuras se dispone a narrar. Sin-leqi-unnini evoca las portentosas murallas de la ciudad y, dirigiéndose al lector, se aplica otra vez a escribir: «Mira cómo sus baluartes brillan como cobre al sol. Busca su piedra angular y, debajo de ella, el cofre de cobre que indica su nombre. Ábrelo. Levanta su tapa. Saca de él la tablilla de lapislázuli. Lee cómo Gilgamesh todo lo sufrió y todo lo superó».

Así empieza la primera epopeya de la historia: el Poema de Gilgamesh. Sin-leqi-unnini quizás escribe hacia 1400 a.C. Pero no es el creador de la obra, aunque su mano le da forma definitiva. El relato que pone por escrito se hunde en la noche de los tiempos, más de mil años atrás. Hace aproximadamente unos seis milenios, en lo que hoy es Irak, se extendía la fértil llanura mesopotámica, atravesada por los ríos Éufrates y Tigris. En el sur de esa llanura, en el país de Sumer, se levantaba la imponente Uruk (la actual Warka), cuna de su todopoderoso rey Gilgamesh. Por sus hechos y su fama, este personaje pasó muy pronto a lacategoría de mito, convertido en protagonista de un ciclo de poemas sumerios que cristalizaron en la magna composición que lleva su nombre. Sabemos que hacia 2700 a.C. existió un personaje, llamado Bilgames -luego escrito Gilgamesh-, que los más antiguos textos en escritura cuneiforme sitúan en Kullab, un barrio de Uruk, en calidad de sacerdote-rey. Gilgamesh también aparece en un famoso documento, la Lista real sumeria (redactada hacia 1950 a.C.), que atribuye la fundación de esta ciudad, emplazada en la orilla izquierda del Éufrates, al rey Enmerkar.


Epopeya de Gilgamesh. Tabletas de arcilla

Escena de sexo sagrado


De acuerdo con la Lista, Gilgamesh perteneció a la dinastía I de Uruk: fue su quinto soberano, reinó 126 años y le sucedió su hijo Ur-lugal. A Gilgamesh se le atribuía la construcción de las poderosas murallas de la ciudad, según menciona una inscripción del rey Anam de Uruk, datada hacia 1825 a.C., y según recuerda también el Poema. Dichas murallas eran de estructura doble: una exterior, de la que tan sólo restan trazas en el suelo, y otra interior, de unos 9,5 kilómetros de longitud y cinco metros de espesor, reforzada con más de 900 torres semicirculares. Sin-leqi-unnini organizó el Poema en once cantos o tablillas. Este genial sacerdote, exorcista y escriba enriqueció el poema con otra narración sumeria que se ha hecho famosa: el relato del Diluvio. Por fin, los escribas asirios del tiempo del rey Assurbanipal, en el siglo VII a.C., dieron al texto su forma canónica, añadiéndole la tablilla que hoy es la última.

 Esta versión fue archivada en la biblioteca del palacio del rey, en Nínive, descubierta en 1853 y cuyos materiales fueron enviados a Londres. Allí, en 1872, el joven investigador George Smith logró traducir las tablillas y fragmentos del Poema de Gilgamesh.

A lo largo de las doce tablillas del Poema se perfila a Gilgamesh como un héroe mítico, de 5,60 metros de altura -el doble que el bíblico gigante Goliat-, compuesto en sus dos terceras partes de esencia divina,puesto que era hijo de Lugalbanda y de la diosa Ninsun, y que habla y se mueve entre los dioses como uno más de ellos. Dos serán las premisas de su actuación: la búsqueda de la gloria, que intentará alcanzar junto a su amigo Enkidu (episodios narrados en las seis primeras tablillas), y, sobre todo, la búsqueda de la inmortalidad, que tiene lugar en un contexto narrativo sombrío, caracterizado por la soledad y el temor a la muerte (de la tabilla séptima a la decimoprimera). A todo ello se añadió la doceava y última tablilla referida al Más Allá, sin conexión con el relato anterior, pero que permite a Gilgamesh ver el mundo que le espera tras su muerte. 

Fuente:
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-epopeya-de-gilgamesh_6746