miércoles, 27 de abril de 2011

Desde Salsipuedes a la eternidad

Breves reflexiones personales    

Hace pocos días se conmemoró en Uruguay  el episodio   conocido por el común de los uruguayos,  como la matanza de Salsipuedes. Hecho histórico, que no necesariamente y exclusivamente militar como se le ha tratado por mucho tiempo desde la historiografía oficialista,   que se toma y acepta como el suceso que marca el principio del   fin,  cultural y étnico,  de la últimas bandas   cazadoras originarias ocupantes de esta margen  de la Cuenca  del Plata .


Monumento en costas del  Salsipuedes Grande.Visita personal.  Foto Yael


Leyenda al pie del monumento. Visita personal. Foto Yael




Ampliación texto de leyenda al pie del monumento. Foto Yael

Ya  constituya  genocidio,  desde los pormenores del episodio militar en que  emboscados por una fuerza  de la cual no esperaban violencia,  finaliza en  la muerte   de la mayoría de sus caciques y  guerreros  , ya  miremos el etnocidio, que se expresa  pero no empieza ,  en el reparto discrecional  de las  mujeres y  niños indios  capturados en el evento,  que tampoco sería honesto intelectualmente sacar del contexto epocal,  lo cierto es   que luego de convivir varios siglos   con el europeo ,  que entre otros préstamos culturales  lo hace ecuestre, y jinete ya,  transforma radicalmente esta movilidad su forma de vivir ; con algo de su lenguaje y adquiridas muchas  de las  costumbres  y tecnología del hombre europeo, también converge en  aliado y baqueano en coyunturas históricas .

Los uruguayos u orientales , gentilicio este último,  con el cual muchos nos sentimos mejor identificados,   constituyentes por nacimiento de  pueblos trasplantados en esta parte del mundo, considerado entonces y hoy nuevo por el europeo, siempre en la ansiosa  búsqueda de  raices que nos sean propias  y de la identidad nunca encontrada, oteando con angustia existencial hacia el otro lado del océano, pretensiosos de ser blancos, temerosos del estigma indio y su primitivez , memoria etnocéntrica  construida desde lo  "sucio"  y "primitivo" a la comparación con la estética blanca,occidental y cristiana.

Basta leer a Zorrilla y su Tabaré para entender y entendernos los porque pensamos lo que pensamos y sentimos lo que no siempre expresamos con honestidad. No somos una sociedad que se identifique con sus ancestros indios.

Las conmemoraciones se desarrollaron "civilizadamente" es decir en cultura blanca,   escasa en  llantos y eximida de   alaridos dolorosos, sin mutilaciones  de luto, ni mucho menos, venganzas rituales ni sacrificios,  gobernantes y militantes, y algunos curiosos,  todos politicamente correctos en su correcto "deber ser".

También doy fé y presencia, que por lo menos a la noche la Plaza Cagancha o Libertad en Montevideo, reunía poco público debajo de la pancarta que anunciaba y denunciaba los 180 años transcurridos  desde el genocidio y eran pocas  y melancólicas las gargantas disponibles para corear tristes coplas de viejas penas indias.

Desde este mundo que acomoda  fácil y  cómodo sus culpas, esconde sus mezquindades e intereses y sepulta en olvido rapidamente los muertos y los horrores de la gente y pueblos "sin historia" ,no es algo sorprendente.  Como antropólogo, reflexiono y medito, viajo al pasado en un imposible estar allí, miro el presente y horripilo del futuro,  y desde su contexto,  siento que del choque cultural entre aquellos cazadores utilizando en sus estrategias de subsistencia y vida a la naturaleza  que desde su ethos consideraban  soberana e inalienable  pasando por el largo trajinar  del pensamiento  hecho síntesis en la cosmovisión del   conquistador primigenio y sus descendientes, atravesado  luego por los intereses de su propia subsistencia que enmarca a  los criollos posteriores,  en su propietarismo, en   su sociedad de acumulación y de consumo, los nativos,  no exclusivamente en estas tierras, no  tenían ya en el siglo XVIII chance alguna de mantener sus estilos de vivir, y  no la tuvieron.

Puede mirarse el tema desde muchísimos puntos de vista. No caeré en lamentos melancólicos a esta alturas del mundo global  absolutamente inútiles,  me limitaré a expresar mi sentir de que la especie toda, sigue sin resolver sus terribles contradicciones culturales y por ende la muerte de los que estorban sigue siendo, está en cada página de  los diarios del diario vivir, una solución que un día y otro se adoptan y pronto, solapadas en esta multitud varias veces billonaria que somos como población planetaria, pronto, como diario de ayer, se transforman en olvido, pero peor, sin dejar ni tan siquiera una lección, sino a aprender, por lo menos a estudiar.    Otras consideraciones quedan , lo admito, en el campo de la discusión y el análisis teórico. Nada salvó hasta hoy en el mundo entero a los pueblos conquistados.Siguen siendo como en el antes de los primeros imperios, los bárbaros.


  • Estas tierras y sus habitantes originarios vistos por  viajeros que por aquí anduvieron  entretenidos  en tareas y malos pasos varios  durante los tiempos de  conquista.  

  • La "Memoria" de Diego García(1526-1527) 
García había sido uno de los que  en 1516 llegaron al estuario del Plata con Juan Diaz de Solís en el viaje donde resultara éste a la postre muerto por los indios. 10 años más tarde regresa al mando de una flota armada por particulares, compitiendo en el descubrimiento  con Gaboto, a quién el gobierno español le encomendara y armara flota oficial a  descubrir el camino a las Molucas. Es éste un documento necesario de leer para comprender la época y sus personajes. Por supuesto que primero entre ellos a comprender, los habitantes legítimos por aquel entonces de todas estas tierras, los indios. Presentamos un minimo trozo del diario de viaje, tomado de la revista de la Sociedad Amigos de la Arqueología, tomo VII.                    
[...] A este punto llegó Sebastian Gaboto muerto de hambre. Mientras estuve yo allí, los indios le dieron de comer y cuanto había menester así él como su gente para el viaje, y cuando se quiso ir, o se iba, tomó cuatro hijos de los principales indios de allí y se los llevó a España, y tres de ellos están en poder del asistente de Sevilla; Gaboto echó a perder ese puerto que era el mejor y de la gente más buena que había en aquellas tierras, arrebatando en esa forma a los hijos principales de la isla [...]


    • Pero Lope de Souza. Diario de navegación. 1530-1532
      Viajeros visitantes del Uruguay. Revista de la Sociedad de Amigos de la Arqueología. Montevideo. 1953.

       […] La gente de esta tierra son hombres muy robustos y grandes, de rostro son muy feos, traen el cabello largo,algunos se horadan las narices, todos andan cubiertos de pieles, duermenten el campo donde les anochece, usan como arma una pelota de piedra del tamaño de una bala de un falcón y de ella sale un cordel de una braza y media de largo[…] No comen mas que carne y pescado, son muy tristes y la mayor parte del tiempo lloran. Cuando muere alguno de ellos según el parentesco, así se cortan los dedos: por cada pariente una articulación. Su habla es gutural como la de los moros. […] Si traían pescado o carne nos lo daban gratis y si les daban alguna mercadería no se alegraban […]
       

    • Rui Diaz de Guzman. 1544/1612. Argentina . Historia del descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata. 

    • […] y el año 1519 Fernando Magallanes por órden de S.M. salió a descubrir el estrecho que de su nombre se dice Magallanes, para entrar en el mar del sur en busca de las islas Molucas […] el mismo año a último de marzo para el mediodía llegó a una bahía que está a 40º , haciendo allí una invernada y reconocido el Río de la Plata, fueron costeando lo que dista para el estrecho hasta 50 grados,  donde saltando en tierra siete arcabuceros, hallaron unos gigantes  de mostruosa magnitud  y  trayendo consigo tres de ellos, los llevaron a la nao, de donde se les huyeron dos […] y queriendo irse ( el restante) cargaron sobre el ocho o diez soldados, y tuvieron bien que hacer para atarle, de lo cual se disgustó tanto que no quiso comer , y de puro coraje murió. Tenía de altura trece pies, otros dicen que quince.   […] Este de Maldonado es buen puerto, y tiene en tierra firme una laguna de mucha pesquería. Corren toda esta isla los indios Charrúas de aquella costa, que una gente muy dispuesta y crecida, la cual no se susenta de otra cosa, que de caza y pescado. Son muy osados en el acometer y crueles en el pelear, y después muy humanos y piadosos con los cautivos. […]


      •  Ulrico Schmidl. Viaje al Río de la Plata (1534-1554) .
      • En Biblioteca Indiana: Viajes por América del Sur. Editorial Aguilar, Madrid,1962 
      • Capítulo VI. Río de la Plata y San Gabriel. Los Charrúas
      • En el día de Todos los Tres Reyes, en 1535 hemos desembarcado  en Río de la Plata; allí hemos encontrado un lugar de indios que se llaman los indios Charrúas, que son alrededor de dos mil hombres adultos.No tienen otra cosa que comer que pescado y carne. Habían abandonado el lugar y huido con sus mujeres e hijos de modo que no pudimos hallarlos. El puerto donde están los barcos se llama San Gabriel. Estos indios andan desnudos, pero las mujeres tienen un pequeño trapo hecho de algodón, que tienen delante de sus partes desde el ombligo hasta las rodillas.

          • Martín del Barco Centenera,clérigo español que participó activamente en la conquista y colonización de la región del Río de la Plata. Se le recuerda especialmente por ser el autor del "poema histórico" (el mismo lo denomina así )  Argentina y la Conquista del Río de la Plata ,  en el cual aparece por primera vez el topónimo Argentina  para denominar a esta región.  Hombre de la Iglesia y poeta,  nació en  1535. Quiso conocer la realidad conquistadora y las tribulaciones indígenas en su ambiente natural y se embarca para América  como capellán, en la armada del Adelantado del Río de la Plata, Juan Ortiz de Zárate. Después de casi dos años de navegación, llegó a la cuenca del Río de la Plata a finales de 1573. 
          • Algunos versos  del poema:  Argentina y la Conquista del Río de la Plata  
          [...] La gente que aquí habita en esta parte 
          charruahas se dicen, de gran brío,
          a quien ha repartido el fiero Marte,
          su fuerza, su valor y poderío.
          Lleva entre este gente el estandarte
          delante del cacique, que es su tío,
          Abayubá, mancebo muy lozano,
          y el cacique se nombra zapicano.
          Es gente muy crecida y animosa,
          empero sin labranza y sementera,
          en guerras y batallas belicosas,
          osada y atrevida en gran manera.
          En  siéndoles la parte ya enfadosa
          do viven, la desechan, que de estera
          la casa solamente es fabricada, 
          y así de presto do quieren es mudada.[...]



            •  Antonio Sepp.  Jesuita.Relación de viaje a las Misiones Jesuíticas. 1691                 

            • [...] los hombres tienen casi la altura de los europeos, pero son más regordetes y tienen miembros y piernas más grandes. Las caras se asemejan casi todas entre si, como fundidas en el mismo molde; no son alargadas, sino redondas, no tienen ningún relieve como las nuestras, son son aplastadas y chatas, no negras como el carbón, como los negros africanos, sino castaño oscuro y horribles y mostruosas de ver. En la mano llevan continuamente un arco y un haz de flechas.la  De todos los infieles son ellos los más arrojados y fuertes, los más belicosos y los más dedicados a la nigromacia.Estos son los llamados yaros. Y son aquellos que quisieron matar al santo hombre Antonio Bohm. ... Hoy 23, me tocó otra vez el turno de celebrar la Santa Misa. Una vez hecho, mi Padre Anttonio y yo hicimos una gran gruz y la erigimos sobre una colina. Como representante de mi Santa Provincia grabé en ellas las letras Germania, y tomé posesión de esta pagana tierra, en la gran esperanza de cautivar aquí mismo los corazones de estos salvajes bárbarosn con el estandarte de la Santa Cruz de la Iglesia Cristiana [...]
            • Carta  de los Padres Jesuitas C.Cattaneo y C. Gervasoni. 1729.

              • […] Volviendo a los Charrúas son gente verdaderamente bárbara. Como se exponen casi desnudos a la lluvia y al sol, toman un color bronceado, sus cabelleras de n peinarlas jamás, son tan desgre;adas, que parecen furias. Los principales llevan engastados en el mentón algunos vidrios, piedras o pedazos de lata, y otros, apenas tienen un dedo o dos en la mano, porque acostumbran cortarse una articulación por duelo cada pariente que muere […] pero volviendo a los Jaros(yaros) y Charrúas, hasta ahora no se ha encontrado ningún buen remedio. Concurre todavía no poco a su obstinación , la antipatía que tienen a los españoles, contra los cuales se han defendido valerosamente, conservando su libertad […]

                • Félix de Azara. 1746- 1811. 
                • Viajes por la América Meridional. Tomo II.  Capítulo X .  De los indios salvajes
                • Aunque el hombre sea un ser incomprensible, y sobre todo el hombre salvaje, que no escribe, que habla poco, que se expresa en una lengua desconocida, a la que faltan una multitud de palabras y expresiones, y que no hace hace mas que lo que le imponen las pocas necesidades que experimenta, no obstante, como ésta es la parte principal y más interesante en la descripción de un país, daré aquí algunas observaciones que he hecho sobre un gran número de naciones indias, libres o salvajes, y que no estánni han estado nunca sujetas al imperio español ni a ningún otro. No me he de extender mucho, para evitar el aburrimiento y para no parecereme a los que, por haber visto una media docena de indios en la costa, dan una descripción acaso más completa que la que podrían hacer de sí mismos. [...] Cuando se piensa que los charrúas han dado más que trabajar a los españoles y les han hecho derramar más sangre que los ejércitos de los Incas y de Moctezuma, se creerá sin duda que estos salvajes formen una nación muy numerosa. Debe saberse, sin embargo, que los que existen actualmente, y que nos hacen tan cruel guerra, no forman hoy, seguramente, mas que un cuerpo de unos cuatrocientos guerreros. Para someterlos se han enviado con frecuencia contra ellos más de mil veteranos, ya en masa, ya en diferentes cuerpos, para envolverlos, y se les han dado golpes terribles;pero en fin, es caso es que ellos subsisten y nos han matado mucha gente[...]  


                • Azara viajó a esta región en 1781 en tareas oficiales  de demarcación de límites en cumplimiento de tratados firmados   entre los Reinos de España  y de  Portugal.

                •  Escritos de Dámaso Antonio Larrañaga.
                   Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. Tomo III

                  Noticias sobre los Minuanes. Febrero 2-1813

                  Habiendo llegado de nuevo al campamento (Santa Lucía chico) donde había quedado el coche esperando por caballos y un reparo de que necesitaba, nos fue preciso pasar todo el dia esperando los auxilios para el camino. Con este motivo tuve ocasión de tratar con los Caciques Minuanes que acompañan y aman tiernamente al Gefe de este Exercito: uno de ellos comió con su mujer en la mesa del General, habiendo dejado en su toldería otras dos mujeres suyas, que por lo visto son polígamos. […]Su estatura es procer y muy membrudos; su color Americano o de bronce; su pelo negro, grueso y largo, un poco cortado por la frente; la barba muy  escasa; los ojos negros algún tanto oblicuos y no tan chicos como se ponderan, la cara mas bien es larga que ancha; la frente no muy chica, los dientes bien conservados y muy iguales; boca y labios regulares, nariz un poco aguileña, pies y manos pequeños. En una palabra, nada tienen de monstruosos ni deforme los hombres primitivos del país que ocupamos y que eran los verdaderos dueños de esta campaña […]

                  • Alcides D´Orbigny.  L´Homme americaine.
                  • Naturalista francés. Viajó por Brasil, Uruguay en 1826.
                  • El nombre de Charrúas, conocido desde los primeros tiempos de la conquista de América no es, sin embargo, el único con que esa nación es designada por los historiadores. Creemos, contra la opinión de Azara, que los Minuanes, siempre confundidos por los autores con los Charrúas, no eran más que una tribu. Creemos igualmente que los Yaros, que viven entre los Charrúas y los Minuanes, los Bohanes y los Chanas, sus vecinos, eran también tribus de los Charrúas.[…] Hemos tenido la oportunidad de ver en Montevideo, en 1829, muchos Charrúas, no tienen a pesar de la afirmación de Azara una talla que parece superar en una pulgada a la de los españoles. El más alto que hemos visto, no tenía más de 1 metro y 76 centímetros (5 pies 5 pulgadas) […] los Charrúas habitan exclusivamente las llanuras y comarcas descubiertas. Sus hábitos se parecen mucho a los indios Pampas, continuamente ambulantes. Son guerreros infatigables y no pasan mucho tiempo sin atacar sobre todo a los Cristianaos que los molestan.[…] Matan a todos los hombres y dejan vivos a las mujeres y niños de los haces sus concubinas y esclavos respectivamente. El matrimonio es para los Charrúas un asunto de conveniencia, tanto para el hombre es como para la mujer. La poligamia les es permitida en el sentido de que pueden tomar una mujer cuando la anterior es vieja […]

                    • Noticia sobre los minuanes por el Benedictino Antonio J.Pernetty . 1763
                    • Tomado de la Guerra de los Charrúas en la Banda Oriental  . Eduardo Acosta y Lara.
                    • “Un día que estábamos en la Casa de Gobierno, cuatro indios vinieron a presentarse. Desde que el Gobernador * se apercibió de su llegada, hizo cerrar la puerta de sus habitaciones, y preguntándole nosotros la razón, nos respondió que si ellos entraban, aquellas salas quedarían impregnadas de tufo por ocho días.[…] Estos indios, cuyas viviendas no están alejadas de Montevideo, a lo sumo seis o siete leguas, llegan frecuentemente en grupos para beber vino o aguardiente y traen también a sus mujeres. [...] Los que yo he visto estaban bien conformados, tenían el cuerpo derecho, la pierna y el brazo bien torneados, el pecho ancho, todos los músculos del cuerpo bien definidos. Las mujeres eran bastantes más pequeñas que los hombres, que lucían todos hermosa talla[...]

                              *Se trata del Gobernador Joaquín de Viana o Dom Viana


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                      • Los Charrúas en  la prensa  hoy

                      Salsipuedes, se conmemoró 180º aniversario

                      MONTEVIDEO, 13 Abr (UYPRESS) – Frente al monumento a ‘Los ´ultimo charrúas’ Descendientes y gobierno realizaron acto de recordación.





                      En el marco de las actividades previstas por la Comisión del Bicentenario, se cumplió la conmemoración del 180º aniversario de la acción conocida como “Matanza de Salsipuedes”.

                      El director de Derechos Humanos del MEC, Javier Miranda, reivindicó la memoria de los pueblos originarios mientras que el ministro interino de Desarrollo Social, Lauro Meléndez, dijo que el gobierno se pone al día en esta materia.

                      El acto tuvo lugar junto al monumento a Los últimos charrúas, ubicado en El Prado, de Montevideo. El referido grupo escultórico data de 1938 y representa a Vaimaca, Senaqué, Tacuabé, Guyunusa y su hija Carolina, plasmados en bronce por los artistas Edmundo Prati, Gervasio Furest Muñoz y Enrique Lussich.

                      El homenaje contó con la presencia, entre otros, de jerarcas del gobierno y representantes diplomáticos. Asistieron el ministro interino de Desarrollo Social, Lauro Meléndez; el subsecretario de Industria, Energía y Minería, Edgardo Ortuño; el director de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), Javier Miranda y la intendenta de Montevideo, Ana Olivera.

                      La conmemoración se realiza en nuestro país desde hace 21 años. Miranda, quien el fin de semana concurrió a la zona donde tuvo lugar el hecho luctuoso, expresó en breve alocución, la solidaridad de la dependencia a su cargo ante la conmemoración y reivindicó la memoria de los pueblos originarios como un componente importante de los Derechos Humanos.

                      Añadió que este gobierno se está poniendo al día en materia de los derechos de los pueblos originarios, apartándose del discurso y ubicándose en las acciones de derechos.

                      Ley Nº 18.589

                      Desde la Asociación de Descendientes de la Nación Charrúa (ADENCH) se valoró la aprobación de la Ley 18.589, en 2009, que declara el 11 de abril de cada año como “Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena”. Lo que constituye, afirmaron, “un necesario ejercicio de la memoria para que no se olvide el genocidio del pueblo charrúa”.

                      Las jornadas incluidas en la programación de actividades de la Comisión del Bicentenario, comenzaron el fin de semana con la Octava Cabalgata hacia Salsipuedes. Ésta partió de Guichón hacia orillas del arroyo homónimo y, en su marcha, pasó por las escuelas rurales No. 17, de Piñera, la No. 18 de Merinos, la No. 60 de Morató y la No. 29 Vaimaca Perú donde se realizaron fogones, entre otras actividades.

                      Además del acto de la víspera en El Prado, la jornada continuó con un evento de carácter cultural en la Plaza Cagancha denominado “1811-1831-2011: Por una Historia sin Impunidad”, y concluyó con la presentación del libro “Genocidio de la Población Charrúa” del investigador Eduardo Picerno en Punto de Encuentro.


                      UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



                      Sitio de los sucesos. Foto google earth

                      Ubicación del sitio de los sucesos



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                      Algo de lo que dice el pensamiento ilustrado uruguayo


                      Historias de  charrúas

                      Tomado del libro del Antropólogo  Daniel Vidart.
                      El mundo de los Charrúas

                      Salsipuedes

                      • El estado de la campaña en 1830
                      • Los gauchos
                      • Salsipuedes

                      Una de las zonas urticantes de la historia nacional, sobre la cual se pasa a menudo a toda carrera, y eso en el mejor de los casos, pues el silencio ha sido la norma, es la que atañe a los sucesos del año 1831, relacionados con la matanza y destribalización de los charrúas.
                      Los hechos de aquel entonces han sido interpretados, ya como una cruel necesidad, ya como una inútil carnicería. Los admiradores y los enemigos políticos de la figura del General Fructuoso Rivera han contemplado el episodio de Salsipuedes a la luz de los intereses partidarios que, a partir de aquel entonces -el enfrentamiento entre los latentes idearios de los futuros blancos y colorados- se han proyectado a lo largo de todo el acontecer nacional y a cuyo influjo no han podido escapar las evocaciones contemporáneas.
                      De todos modos, los archivos demuestran que en el caso del exterminio de los charrúas no puede atribuirse al brazo ejecutor la responsabilidad total del hecho. Todos los integrantes de la población criolla apoyaban explícita o tácitamente la desaparición de los aborígenes. Rivera fue solamente el gatillo de un arma cargada desde mucho tiempo atrás.
                      Pero el tema de Salsipuedes sigue siendo fértil, porque es polémico por una punta y dialéctico por la otra. Los criollistas, atentos a los argumentos de quienes procuraban pacificar la campaña y velar por la buena marcha de las estancias, aprueban las extremas medidas llevadas a cabo por Fructuoso Rivera en Salsipuedes y por Bernabé Rivera en Mataojo.
                      Contemplado el tema desde un punto de vista pragmático, al margen de los afectos o desafectos que puedan suscitar sus protagonistas, es fácil advertir que, tanto en la historia mundial como en la americana, al producirse el choque de los pueblos civilizados del Occidente con las naciones "bárbaras" o "salvajes", los triunfadores fueron los mejor armados y organizados, lo cual no significa que hayan sido superiores a los vencidos en el orden de las virtudes morales. El destino de los charrúas estaba sellado desde el momento que desembarcaron en América los contingentes hispánicos. La mayoría de los pueblos indígenas fueron rápidamente doblegados por la invasión del Occidente. Otros, como nuestros indígenas, combatieron durante tres siglos contra los ejércitos coloniales antes de ser destruidos por los ejércitos republicanos.
                      El estado de la campaña en 1830

                      Cuando nuestro país asoma a la independencia política y se constituye como Estado en los establecimientos ganaderos situados al norte del río Negro reinaba una situación caótica. Cuereadores clandestinos, cuatreros y melenudos forajidos sin otra ley que la de sus cuchillos, no le iban en zaga a los charrúas, quienes, en constantes correrías tras los ganados "ajenos", que ellos suponían propios, sobresaltaban con sus galopes, robos y golpes de mano a los estancieros y sus peonadas.
                      Rondeau y Lucas Obes advierten en enero de 1830 que debe ponerse coto a "los perversos que hacen la guerra constantemente a los ganados", cuyas fecharías provocan "el clamor penetrante de aquella parte del vecindario que tanto ha merecido de la Patria por sus esfuerzos en la lucha contra el Brasil". En consecuencia. el gobierno debe asegurar "a cada ciudadano la más tranquila fruición de sus propiedades", lo que requiere, de antemano, acabar "con las gavillas" que las devastan. Del mismo modo se propone saber "cuál es la situación de los salvajes llamados charrúas" y averiguar si "es cierto que en sus tolderías se hallan un número considerable de vagos y desertores". Esta providencia señalaba al General Rivera como el encargado de llevar a cabo estas tareas previas a un arreglo general de los campos, a los efectos de su pacificación definitiva.
                      Al igual que Rondeau y Lucas Obes, un mes después, en febrero de 1830 Juan Antonio Lavalleja comunica al Comandante General de armas, Brigadier GeneralFructuoso Riveraque, con relación a los excesos cometidos por los Charrúas", hay que proceder con mano de hierro.
                      Y de imnediato recomienda "altamente al Señor General la más pronta diligencia en la conclusión de este asunto, en el que tanto se interesa el bien general de los habitantes de la Campaña". El tono de esta comunicación no da lugar a dudas: el tiempo de los charrúas toca a su fin. Las figuras prominentes de los gobiernos que se sucederán de aquí en adelante serán solidarias en cuanto a las responsabilidades generadas por el exterminio de aquellos soliviantados indígenas.
                      Las razones del indio y las del pobre suenan -la historia lo demuestra- como campanas de palo. Si bien los ganados que poblaban las enormes estancias, que durante el coloniaje se llamaban "los inconmensurables", alcanzaban para el abastecimiento de todos, aunque la lucha contra el Brasil los había raleado intensamente, dicho argumento no tenía validez jurídica. El derecho de los propietarios de la tierra y sus escasos servidores primaba sobre las necesidades de alimentación y supervivencia de los antiguos dueños del país, condenados al exilio en su propio reino. Esa era la ley impuesta por el hombre blanco y se haría respetar a sangre y fuego, como efectivamente sucedió. Suponer otras conductas es totalmente irreal: la razón de Estado, antes y después de Maquiavelo ha sido inflexible, no importa si justa o injusta.
                      La fuente del derecho es el poder, y eso lo supieron juristas como Kelsen o políticos como Napoleón, Lenin o De Gaulle.

                      Los gauchos

                      Cuando Rivera asume en 1830 la presidencia de nuestro país las estancias cimarronas estaban en crisis. Ladrones de cuero y ganado de todos los pelos se habían adueñado del país interior….
                      Rivera, ya Presidente, abandona Montevideo, delega el poder, y parte tras los bandoleros y los indios. A los primeros, los "gauchos", como se dice en los partes de guerra del propio Garzón, se les redujo, se les quitó los productos de las proficuas cuereadas, se les metió en el cepo y en el calabozo, pero la sangre no llegó al río. A los charrúas, en cambio, se les condenó a la muerte física y a la muerte cultural, más terrible aun que aquella.

                      Salsipuedes

                      Rivera, su sobrino Bernabé, el general Laguna y otros jefes se mueven con sigilo. No es posible luchar frontalmente contra los quinientos charrúas que se diseminaban aun al norte del río Negro. Todavía son temibles enemigos los remanentes de una etnia ayer soberbia y por ese entonces acosada, degradada y debilitada por el contacto con los vicios y enfermedades del hombre blanco, aunque dueña del espacio de los galopes y la estrategia de la supervivencia en un medio cada vez más hostil. Rivera se desplaza como un zorro cauteloso, al par que utiliza un doble discurso, como ahora se dice. Hay que prometerles a los indios el retorno al Paraíso Perdido del área riograndense. Luego es menester reunirlos sin que sospechen las intenciones de los promeseros y a continuación distraerles, ernborracharlos y, mediante un ataque fulminante, acabar con los caciques y los guerreros jóvenes.
                      Sobre la acción de Salsipuedes, acaecida en las puntas del Queguay el 11 de abril de 1831, no existen casi detalles.

                      El diario El Universal, publicado en Montevideo, dice brevemente en su edición del 15 de abril: "Estamos informados de que en el día 10 del corriente ha habido una acción en Salsipuedes, entre los Charrúas y la división del inmediato mando de S.E. el Señor Presidente en campaña, en la cual han sido aquellos completamente destruidos".

                      En realidad, no fueron completamente destruidos. Algunos caciques, desconfiados, no acudieron a la cita. Otros indios, muy pocos, pudieron escapar. Los muertos no fueron los cuarenta que consigna el parte de Rivera ni los miles que los charruistas endilgan a las malas artes de] General. Como antes dije, por ese entonces los charrúas eran alrededor de medio millar. Luego de la acción, breve y mortífera, los viejos, niños, mujeres y algunos combatientes fueron tomados prisioneros y conducidos a la capital. Su destino fue sellado por un etnocidio llevado a cabo con habilidosos procederes, que algunos califican como satánicos y otros como humanitarios.

                      La salida del cuerpo expedicionario a cargo del General Rivera cumplió a cabalidad con sus dos objetivos: terminar con las fechorías de los cuatreros y acabar con los charrúas.
                      Luego del combate, si así se le puede llamar, se difunde un cuidadoso y hasta elegante parte de guerra, fruto de los buenos oficios de un secretario letrado, cuyo contenido no tiene desperdicio alguno, tanto en lo que trasluce su meditada y elusiva sintaxis como en lo que callan sus calculados silencios.


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