domingo, 6 de noviembre de 2011

Por los tiempos de viejos almacenes




El almacén Cavalieri de ramos generales se encuentra ubicado  entre el pasado y el presente de Melilla en un entorno semi-rural de huertas y viñedos del Departamento de Montevideo a 15 minutos de la capital Montevideo, a la cual está unida con locomoción regular.


Tomando imágenes. Las fotos son de domingo de tarde, escenario típico rural.
Fundado en 1920 pertenece a la misma familia. Su fundador fue un inmigrante vasco-francés, Jean Pierre Cousté, quien adoptó el nombre de “Cavalieri” para su comercio, gracias a que unos inmigrantes italianos que venían en el barco que los transportaba al continente americano, le dijeron que era un “cavalieri” (caballero) por su excelente comportamiento. “A mi abuelo le gustó el nombre y lo tomó  para su almacén”, comenta el dueño.
El negocio combina modernidad con altas vitrinas de madera, gruesas carameleras de vidrio, cajones donde se almacenaban los fideos, el arroz y otros alimentos a granel.



DE BALANZAS, CARAMELERAS Y CANTORES DE TANGOS

Balanzas antiguas de dos platos, botellas de leche Conaprole, latas de galletitas de metal y vidrio, molinos de café express, una vieja y gran caja registradora, adornan el lugar. Todo esto coronado con una sonora vitrola que al ritmo del tango y varios murales de Carlos Gardel y Julio Sosa, ponen el broche de oro.
En medio de todo esto no faltan tampoco las viejas alcancías de ahorro del Banco La Caja Obrera y del Banco de la Paz, ambos extintos. Detrás del mostrador de madera atienden como antes las dependientas del almacén, munidas de pulcros delantales.

A un costado en grandes ganchos de hierro, cuelgan varias tiras de salames y otros embutidos, que adornan la vista y ahí cerca, varios frascos de conservas caseras, dan gusto al paladar.





Combinando el pasado con el presente al medio del salón, largas filas de góndolas de madera están repletas de mercadería y en una esquina una joven promotora ofrece café Montesol, al mejor estilo de los supermercados. Viajando por la Ruta 5 se entra al norte por el camino  La Redención, al llegar a Camino Franciso Arazola,  un viejo surtidor de combustible y un antiguo almacén de ramos generales, es parada ineludible de los entusiastas viajeros.

Edificado y regenteado en sus inicios por Jean Pierre Cousté, inmigrante vasco francés, debe tal vez su nombre al curioso apodo de Cavalieri, con el que los lugareños destacaban la estampa de su propietario.
El almacén Cavalieri fue uno de esos lugares de múltiples actividades, bar y restaurante, estación de nafta y peluquería. Sitio para la realización de fiestas y bailes de la comunidad local,  juegos de naipes y billar,  y reuniones amenizadas por cantores, payadores y guitarreros, era lugar de parada obligatorio de todos los transportes que circulaban por allí.














Hoy, sus descendientes conservan con orgullo la tradición de su ancestro, y  reciben a los clientes y ocasionales visitantes, magníficamente en cada visita.

En el día del Patrimonio, abre ese domingo sus puertas con una gran fiesta criolla, de grandes asados y bailes típicos, y son cientos las personas, familias enteras que concurren a pasar el día. 
Hoy estuvimos por allí una vez más. Era domingo, estaba por supuesto cerrado, no habían cantores, ni orquestas, ni bailes, ni señoritas en edad de merecer y paisanos querendones,  de todas maneras, gratifica el espíritu en su quietud, desde su  paz de trabajo y día de guardar,  y especialmente desde su amorosa pulcritud. 

Aún en el descanso emite una energía muy especial, que es propia a toda esa forma de vivir que construye y hace a la vida cotidiana de  Melilla.



Para la gente que vive en la zona, un lugar de la vida cotidiana,  convertido en el paso de los años  en escenario exótico . Lugar para visitar. Cualquier día que no sea domingo de tarde, si es que quieren ver los viejos estantes y mostradores. Y por supuesto si van de compras.