viernes, 7 de agosto de 2009

Parte III. Primera noche, primeros sustos


Recuerdos de una Etnografía.



*Edición de autor abreviada y adaptada.






Primera noche, primeros sustos


A la puesta del sol, inminente ya la falta de luz, en el caos de nuestro primer día en el campo, con algunos nubarrones amenazando lluvia, el cansancio dio argumentos suficientes para acostarme, a mal dormir, mal aseado, mal comido, mal-humorado, sin haber logrado instalar las mantillas de nuestro farol a gas, ni activar “el plan b” - farol a queroseno-. Dotarlo de combustible a esas alturas parecía una tarea sobre humana, pero quizás enfrentando en el ensueño a un balance de tantas emociones, el mayor generador de culpas: la imperdonablemente incumplida regla primera rodear la carpa de cunetas para el caso de lluvia. La suerte ayuda al principiante. No llovió. Ese día. El futuro nos daría el privilegio de vivir la experiencia. A la primera estrella fugaz que recorrió el firmamento, la ayudante pidió como deseo, que todo nos saliera bien.
Al amanecer, descubrí que mi ayudante, dama al fin, había pasado la noche en vela, que los mil y un ruidos nocturnos que pueblan nuestros terrores urbanos saturado de ululantes sirenas alocadas, no significaban nada comparado con la ominosa amenaza, de toda esa cantidad de animales no identificados, al parecer de todo tipo y tamaño, una especie de arca de Noé dejados en la noche a su libre albedrío, moviéndose en la oscuridad, comunicándose y amenazándose entre si, con extraños ruidos, aproximándose algunos de ellos con curiosidad a nuestra carpa, en la oscuridad de la noche, en donde sus sombras generaron hacia el interior, -según relato- las mismas fantásticas figuras que otros pueblos disfrutan con sus teatros de sombras. En este episodio el resultado no fue el mismo.
Costó convencerla que tan solo eran algunas inofensivas comadrejas en la lucha eterna por comer o ser comidas, o buscando ingenuamente residuos de nuestra pobre, pero es sinceridad decirlo, satisfecha , dichosa y enlatada primera cena cardocera bajo un imponente y maravilloso cielo lleno de luna y estrellas. También con el nuevo día, comienzan rutinas de la vida social a ser puestas a prueba en él nuevo escenario. Afeitarse una de ellas.




La Otredad cardocera

“No andés cambiando de cueva;
hacé la que hace el ratón
conserváte en el rincón
en que empezó tu existencia
vaca que cambia de querencia
se atrasa en la parición “.
Martín Fierro.José Hernández.


Nos acercamos a los verdaderos autores de la Etnografía. Son los personajes, los que pueblan el espacio investigado. Dueños inequívocos de lo vital y existencial que se intenta en el proceso de descubrimiento, describir luego al relato. Esta investigación se significa en ellos y por ellos. Dentro de los parámetros de tiempo y espacio de este trabajo, y al interior de los espacios sociales antropocéntricos en que ellos articulan con el medio su existencia . Enfocaré la mirada en alguno de estos protagonistas.
Es su voz la que debe emerger potente, escasa de “ruidos”, fuertemente protagonista, actores e interlocutores de este trabajo etnográfico.
Nuestros sesgos, potentes y declarados , nada ausentes , se disculpan en una decidida voluntad de honestidad epistemológica.

Los personajes “El Pepe”

Si, Juan, la vida nos va arriando como por campos ajenos. Y sin que nos dé alce, atravesamos los esteros, los montes, las cerrilladas, que nos desflecan el cuero- esos son los dolores...-y las lluvias y las heladas- son las penas menos duras- y después cruzamos unos trebolares y cañaditas como pintadas- esas son las alegrías-. Pero allí no se puede parar”. Don Juan, el Zorro. Francisco Espínola.




A Pepe, apodo familiar por su cristiano José bautismal, apelativo por otra parte por el cual todos lo conocen, en la zona y fuera de ella, lo conocimos el primer día que llegamos. Pertenece a una familia de larga tradición cardocera. Recuerdo claramente la impresión que me causó esa primera vez , cuando lo conocimos. Vestido de paisano, con “bombacha” de campo, de sufrido y descolorido color marrón, tipo de pantalón muy popular y de uso hoy generalizado en el campo uruguayo, prenda exótica cuando no extravagante, excedentes militares turcos traídos al país y vendido de estancia en estancia por los “mercanchifles”, vendedores ambulantes en la campaña de principios de s.XX ; calzaba impecables alpargatas blancas – raro color para el lugar-, camisa de mangas largas celeste, remangadas hasta los codos, con una boina vasca negra en la cabeza, y en actitud orgullosa de no apercibirse , ni interesarle presencia de extraño alguno. Fue importante en todo lo que se refiere a esta investigación. También fue, en el plano personal un golpe afortunado conocerlo. Se reía con su carcajada sana, ante mi invitación a la Universidad a contar su historia y la de Cardoso. Bueno, realmente le decía en son broma que lo iba a traer de profesor de la materia antropología del “gauchismo”.




“ Deje, no me embrome, yo solo soy un paisano redondo, que les voy a decir a todos esos doctores.” reía “sobrador”.
A lo estadístico, hecho cifras, Pepe sería simplemente, un hombre adulto mayor, de 65 años, trabajador rural, peón de campo, de las “estancias”, vecinas al pueblo y algunas no tan cercanas.
También me aclara que no duraba mucho en los trabajos en la medida que su espíritu rebelde erosiona la relación laboral.
“Soy un paisano muy mal arreado”, dice riéndose, metáfora campera, por comparación con el ganado poco domesticado, difícil de conducir en modalidad de arreo o tropa.
Es propietario de ovejas, mas de un ciento, son su capital, “son mi alcancía” diría jocosamente , significando que son una forma de ahorro para las malas épocas. Estas forrajean libremente en lo que fueron las antiguas calles y caminos cercanos al pueblo, hoy convertidas en campo abierto. También de algunos novillos, o sea vacunos machos castrados , en régimen “de pastoreo” modalidad en la cual se paga una anualidad en dinero al dueño del campo por ” cabeza “ de animal. No se preocupa demasiado por el tema impuestos, lo que si tiene mucho cuidado es con la documentación que acredita la propiedad de los animales:
“ese es un tema muy delicado, aunque no parezca, anda también mucho bandido y sinverguenzas en la campaña robando ganado y vendiendo ajeno, por eso tengo mis guias de propiedad al día.”
De una carpeta de cartón antigua pero muy conservada, atada con cuidado en sus tres lados con cordones, nos muestra toda la documentación que tiene y nos explica con detalles un documento que no es tan simple como parece a primera vista.
Estos formularios- Guías de Propiedad y Tránsito – se compran en las comisarías. Cada productor tiene un número personal ante Dicose*, que es como el número de su cuenta bancaria, en vez de contar plata, cuentan ganado. Semovientes es el nombre técnico, y es para todos los “bichos”, vacunos, lanares, yeguarizos, cerdos y otros”.
El documento en si - nos mostró unos cuantos - consiste originalmente en un juego de formularios de 4 hojas. Cada una cumple una finalidad distinta. A Pepe le entusiasma explicar su funcionamiento. Muestra también con orgullo, su marca para ganado vacuno. Es forjada en hierro con un dibujo que es único, el que calentado al rojo vivo , quema al animal en una de sus patas traseras a la altura, de lo que sería la pierna, “los cuartos”. La marca es también personal e intransferible. En el lenguaje criollo simplemente “ el hierro”.Lleva todo un trámite administrativo la obtención de la misma.
Parecido sucede con las marcas para ganado ovino, lo llaman “señalar”. Son cortes en las orejas de los animales cuando son aún de corta edad, corderos, según códigos que vienen desde la colonia. También nos mostró el documento en donde aparecen dichas señales otorgadas para su uso exclusivo, muy satisfecho, explicando como algo que parece tan simple ,como pueden serlo unas pequeñas muescas en las orejas de las ovejas, constituyen realmente un antiquísimo y eficiente sistema de identificación de animales, que además acredita propiedad.
Son tareas para una determinada época del año:
“según la luna, que no tenga mucha fuerza, tiene que ser al igual que la castración en menguante, de agosto mejor, para evitar sangrados , bicheras , y las moscas” dice Pepe con convicción.
A estas tareas rurales se las conoce como “la yerra”* .
Criado en la zona, al igual que toda su familia paterna, divorciado, los formularios no dirán ni harán historia alguna de sus tres parejas con las que mantuvo sólidas y estables relaciones de muchos años, pero con las cuales : “nunca pasé por el juez”, ni de sus dos hijas que no llevan tampoco su apellido, lo que no parece importar por aquí. De su última pareja, sin pudor machista, manifiesta con orgullo:
“es hija de rusos. Esa mujer es un hombre, y de los buenos, pa´l trabajo”.






Un episodio muy enriquecedor vivido con Pepe, y que hizo crecer vínculos de mutuo respeto, se construyó en cabalgatas - “campereadas” diría , en su sociolecto paisano - realizadas juntos por toda la zona. Recuerdo la mañana de verano, con un sol muy fuerte ya desde los inicios del día, y en un episodio donde también creo que se trataba de poner a prueba mi aptitud en montar a caballo, una sutil forma de manifestar relaciones de poder : soy nativo aquí. En juego dialéctico : el yo “criollo ” y el otro “pueblero”. Es obvio cual prestigia y cual estimagtiza en el medio rural. La identidad rural varón, se apoya mucho más de lo supuesto en todo lo que de simbólico convoca la concepción que se tiene del “gaucho”. Virilidad genital incuestionable, honor, valor personal, desprecio por la muerte, machismo, espíritu libertario, etc., Pepe, se siente muy cómodo significándose a si mismo desde esa identidad. Riéndose, decía cuando tocamos el tema: “lo que pasa es que yo he comido mucho huevo de toro” costumbre usual en la yerra, al castrar los terneros -“capar”- para los paisanos - las glándulas extraídas se asan en los fuegos y se comen casi crudas con un poco de salmuera.




Llevó la misma varias horas, acumulamos nuevo saber sobre el lugar y sus pobladores, las mejores tierras, los mejores pastos, muchas ovejas, -“por lo menos un par de miles” dice Pepe, “todos estos animales se declaran en Dicose, en una categoría que se llama : propietarios de ganado sin campo” nos agrega. Disfrutamos de un día de intensa actividad etnográfica, confirmé muchas cosas, y de paso, mas bien diría de trote, adquirí algunos dolores extras de los cuales quejarme al llegar la noche.
Una y otra vez aparece y no muy bien definido, referencias al impreciso poder que les causó daño y trajo el fin del pueblo, aunque está claro que es de “afuera” . Pepe, que por la edad con la cual lo alcanzaron los acontecimientos, es realmente una consecuencia mas que una víctima de la represa, le pregunté, repregunté e insistí procurando precisiones.
Dice con seriedad, en las escasas oportunidades que logramos encauzar diálogo en este tema:
“La gente de Montevideo, los ingenieros que venían acá y mentían, los políticos que hasta hablaron del Cardoso del futuro. En Paso de los Toros, como la obra traía miles de puestos de trabajos y mucha plata, hacían fiesta cada vez que alguien de Montevideo venía a hablar de la Obra, ese pueblo se hizo famoso por la cantidad de “kilombos” que llegó a tener, nadaban en plata, yo que sé, el Gobierno es culpable, y mire usted, seguimos nosotros peor, no tenemos luz y el pueblo no existe más, y el resto del País, ahora que les van a hacer cortes de luz, ahí los quiero ver”


A media mañana, en los tiempos de Cardoso aún regidos por los astros -es sintomático que la hora aquí ,no acompañe la hora oficial - ya que no se le ocurre a nadie tomarse la molestia de ajustarla , adelantando la hora en los relojes como se dispone por decreto y en esta época para todo el territorio nacional. Nadie lo hace por aquí.. Simplemente no guarda relación con sus realidades .
El estado y el gobierno están muy lejos. Por lo tanto, hacemos constar que: entre el etnógrafo y sus observados, por aquí en Cardoso, hay además de otras muchas cosas diferentes, también una hora de diferencia. Vivimos en horas diferentes.
Dentro del pensamiento de Matta no es difícil por estos parajes, exotizar lo cotidiano y viceversa. Esta realidad tan cercana espacialmente del mundo de “afuera” , está sin embargo separada en forma muy evidente del resto del país.
Cuentos e historias de tiempos idos, alimentada y posiblemente exagerada en tiempos nocturnos que se desgranan lentos y sin urgencias, compartidos en la fraternidad del “mate”, a veces en el fogón a cielo abierto de nuestro campamento, otras en el suyo, en la privacidad con peso de soledad de su casa , a la cual nos invitó varias veces y nos agasajó con exquisiteces: Cordero a las brasas, boniatos asados, pan casero y a los postres, la sorpresa : pasteles de hojaldre.
Esto último confesó, también a los postres entre risas, mandados a hacer con una vecina. Reciprocidad de gesto, todavía muy presente y rasgo cultural fuerte aún en la ruralidad.
Conceptualizar allí rasgos dentro del relativismo cultural, es sencillamente simple. También en aquella nocturnidad sensibilizadora y sorprendente , se entiende al fin desde todos y con todos los sentidos que significa: “ caer la noche”.


Nosotros, esperando el asado de la cena, en las llamas de un fuego generoso de madera de monte, pesado el entorno de historias , allí nomás a metros de distancia, desde las arruinadas casas, desde fantasmales mensajes que comunican, que vienen y llegan desde sus sombras tristes de “taperas”.



El Hugo

Pica, pica... tararira
plata viva del juncal
mientras no se corte el hilo
junto al agua me hallarás.
Gurí Pescador.
Osiris Rodriguez Castillo.





Una historia de vida. Si él, su agonista la quisiera contar. O si pudiera. Desde un pasado lejano pero que aún lo mira desde viejas y amarillentas fotografías que muestra en orgullo y nostalgia, tiempos cuando joven y humilde muchacho del interior del País, “del Durazno”, viaja a la Capital a probar fortuna y luego de la suerte, mirar el mundo significaba verlo desde la sofisticada atmósfera del Hipódromo de Maroñas a donde logró llegar luego de toda una sacrificada carrera, paso a paso, desde los mas humildes oficios de hipódromos, a jinete profesional, y como tal montó, corrió y ganó en cotizados pura sangres de carreras en la década de los 60s., llegando a ser exitoso y requerido jockey de los mejores stud montevideanos :
“Tenía todo -dice Hugo- sobretodo tenía mis veinte años, y mis huesos y muñecas sanas que después se fueron quebrando, rodando aquí y allá en las carreras y en las “vareadas”, hasta que los “tungos”, -dijera por caballo- no fueron ya más para mi”




De ese tiempo pasado añorado, a mirar ahora el mundo y sus personales circunstancias desde su chalana pescadora, impulsada a puro remo, a puro esfuerzo, voluntad y músculo, a lo ancho y largo del inmenso Lago del Rincón del Bonete, dado que nunca logró recuperar capacidad económica para adquirir un motor nuevo, cuando el antiguo , luego de infinitas reparaciones no funcionó más. Llegado a Cardoso sin motivos ni causas conocidas desde su Durazno natal . Nadie conoce demasiadas cosas de su vida. Hugo, parco y quieto, las cuenta menos aún. Es el único pescador artesanal del pueblo. Está orgulloso de haber aprobado el curso de pescador que se realiza obligatoriamente en Prefectura Nacional Naval y exhibe su carné de tal, con el orgullo cabal de un diploma.
Ya en sus 60s. con su cabello totalmente blanco de canas, desde las innumerables arrugas que atraviesan su cara, más acentuadas aún desde lo enjuto de su cuerpo, todo músculos y tendones, parece tener más años. Parece ser más viejo. En el antebrazo derecho tiene viejas cicatrices de intervenciones quirúrgicas que luego de una caída en una carrera, “rodada muy fiera” según él, le quedaron de seña, a lo que se suma la pérdida de movimiento en dos de sus dedos. También perdió muchos dientes y una fractura en la mandíbula, que extrañamente cruje y es perfectamente audible, a veces cuando habla, lo que produce un efecto desagradable hasta tanto uno se acostumbra. Tiene toda la imagen de un hombre que ha sufrido mucho y que ya está acostumbrado a las penas y convive con ellas resignado. Vive solo, en una casa de material, de las antiguas que quedaron abandonadas. El techo está en malas condiciones y los días de lluvia se le llena de agua. No tiene por supuesto agua ni luz eléctrica. Se alumbra con un viejo farol a queroseno. - ” Cuando tengo” - . El interior de su vivienda es muy escaso de muebles. Una cama tipo “catre”, en donde no se advierten ropas de cama otras que no sean algunos cobertores tipo “frazadas moras” de mala calidad. Una mesa bastante deteriorada , un par de sillas en mal estado y algunas banquetas hechas artesanalmente. Tenía allí un “banquito”, para llamarlo de alguna manera, confeccionado en madera de ceibo que se destacaba por su liviandad y fácil traslado, y que simplemente consistía en un tronco el que desbastó a cuchillo hasta dejarle un par de apoyos en los extremos y alisada la parte superior como asiento. Mediría unos 40 o 45 cms. de largo por 20 de ancho y el espacio que lo separaba del suelo no superaba los 15 cms. Toda una joya de ergometría rural. Viejas reminiscencias quizás del cráneo de vacuno resignificado como asiento y cuya imagen nos traen los relatos históricos de nuestra campaña. Hugo lo utilizaba para sentarse a la sombra de los árboles a reparar los “tramayos”- redes de pesca- y armar los espineles cuando se acercan los tiempos de salir al Lago. Hugo pretende, con no demasiado éxito, ganarse la vida pescando. El se siente pescador. Se identifica como tal. Para los restantes pobladores de Cardoso también, esa es su identidad, profesión y oficio. Es un trabajo zafral nos explica. Cada tanto se junta con otros pescadores que viven en San Gregorio y se van con sus botes y sus artes de pesca lago adentro y establecen campamento en sitios predeterminados en donde colocan sus “tramayos” o sea sus redes, y sus “espineles”. Este último consiste en una línea de cuerda, en el caso del que utilizó para explicarnos, de nylon, de unos 100 metros, a la cual llama “madre de espinel” de la cual a unos 40 cms. de distancia uno del otro, se le colocan líneas de un metro aproximado en cuyo extremo hay un anzuelo. Este sistema, se “fondea”, es decir se le ancla con una piedra o similar de buen peso, por uno de sus extremos en el lugar elegido, y el otro se asegura en algún sitio fijo en la costa. Todos los días utilizando el bote se revisa el espinel a ver si se ha enganchado en los anzuelos algún pez, de ser así se los retira y se los colocan en grandes bolsas de arpillera dentro del agua para mantenerlos vivos, bolsas que continuamente mueven y cambian de lugar para que los animales pescados, estén en agua limpia y oxigenada, de lo contrario mueren y pierden el producto de la pesca, se coloca nuevamente carnada y así sucesivamente. Las redes están reglamentadas y cada tanto Prefectura Nacional Naval o Inspectores del Ministerio de Ganadería y Pesca, controlan y ante la infracción se incautan de todo, lo cual implica un grave perjuicio económico. Lo más controlado es el tamaño de las mallas, suficientemente grande el entretejido que la forma, de tal manera de no capturar los peces pequeños en etapa de crecimiento manteniendo el recurso ictícola en equilibrio. También los someten a controles la policía, en la sospecha que “carneen ajeno”, es decir que por necesidad o comodidad, algunos pescadores matan ovejas en las costas . Es lo que la ley llama abigeato. Es un delito . Hugo por supuesto, dice que el no le gusta tener problemas con la ley, que la gente que anda con él, son todos gente que no se mete en “cosas raras”, si están pasando muy mal por temporales o falta de pesca, saben en cual estancia les van a dar si se acercan a pedir un “costillar de oveja pa´ salir del apuro” . O lo compran.
Las especies mas buscadas son la tararira ,el bagre y el pejerrey. Del lago nos explicaba, desaparecieron otras especies, como el dorado, el surubí , peces todos de mucho porte y también la boga y el patí. Según nos dice, cree que hay algo mal hecho en la represa que impidió que estas especies pudieran en algunos casos nadar aguas arriba a desovar y otra versión que le han comentado es que simplemente todo el monte indígena se dejó “sin montear”, o sea sin cortar, debajo del agua, al parecer por un problema de costos, al entrar en putrefacción cambió la composición del agua “y terminaron con los pescados para acá arriba”. A veces pasan hasta dos meses acampados. Depende de muchas cosas, “del tiempo”, meteorológico, una de ellas, la otra muy importante es lograr los modos de comercializar el pescado obtenido, que los intermediarios en el proceso, gente de Tacuarembó y de Rivera, se arrime hasta donde están acampados, lo que en la mayoría de los casos debe realizarse, permiso mediante, a través de las estancias, en algunos caso los menos, en lanchas a motor que viniendo desde Rincón del Bonete o San Gregorio, traen los compradores de la ciudad, para lo cual tienen que tener la infraestructura consistente en grandes contenedores con hielo para la conservación necesaria. Casi todo el producto de la pesca artesanal termina en Rivera donde hay una importante demanda de pescado de río.




También nos explica que cada expedición de pesca le significa un desembolso importante de dinero, tiene que llevar provisiones suficiente para mantenerse: fideos, galleta, grasa, harina, arroz, alguna bebida para combatir el aburrimiento y el frío, generalmente consiguen caña blanca brasilera, tabaco el que fuma, sal, etc. por lo que siempre tiene que tener algún dinerito guardado. Como no se tiene demasiada fé en la voluntad, ya que cuando toma algunas copas se olvida de todo, aparta algo y le paga el pedido por adelantado a Vico. El mantenimiento de su bote también implica algún gasto.
En Cardoso, mano invisible del mercado mediante, con demanda casi inexistente, en los hechos sólo hace pesca de subsistencia y un algo que vende en el pueblo, o a veces si ha traido algunos bagres buenos de tamaño los cambia por huevos “ o una paleta de oveja”,etc.. en ocasiones alguien de las estancias mas cercanas, usualmente patronos que han venido al establecimiento, le hacen un encargue específico para consumo inmediato o para la fecha en que viaja de regreso a Montevideo y quiere llevar consigo pescado fresco de río.
Se considera otro de los grandes perjudicados por la falta de luz eléctrica. Sin ella no tiene hielo. Sin hielo no puede conservar lo pescado. Si no puede conservar no sale ya que es carne que rapidamente se descompone, un circulo perverso sin solución. En los períodos que no está “acampado” pescando, como es del caso ahora, trabaja una pequeña quinta que le aporta algunas hortalizas y verduras. Se muestra orgulloso sus canteros de tomates, lechugas, zanahoria, cebolla de verdeo, etc.
También acepta y hace: “cuando estoy parado me abrazo con lo que venga”, todo tipo de changas, actividad que tampoco abunda. ( Continuará)