martes, 24 de enero de 2017

Llamando a San Baltazar










Con una historia que se remonta a la época de la Colonia, las Llamadas de San Baltazar rinden homenaje a ese santo negro que promocionaba la Iglesia Católica y que sacaban en procesión.

De entonces a la fecha, aún perduran elementos religiosos que hoy pueden verse en las comparsas caracterizados en personajes como la Mamá Vieja, el Gramillero y el Escobero.





Este último es el que va limpiando los caminos por donde va pasando la comparsa y su atuendo lo componen un bastón o escobilla (por ser casi siempre una persona mayor de edad), un taparrabo de cuero y una serie de elementos para espantar los malos presagios.

El Gramillero o Yerbero es el símbolo de la vida tribal, trasplantado por aquellos pueblos arrancados de África hace más de dos siglos, representa al brujo y se considera el guardián de la sabiduría africana expresada a través de las hierbas y en sus pies vive la tradición africana.





La Mamá Vieja, como dice su nombre, es la abuela sabia, la reina de la comparsa, la que encarna todo el bagaje cultural de aquellos pueblos ancestrales y que va delante arrastrando sus pies en compañía del Gramillero, quien a cada paso trata de cortejarla con un movimiento peculiar de temblequeo.
  



"Como todos los 6 de enero desde hace diez años, la Asociación Uruguaya de Candombe (Audeca) organizó las llamadas de San Baltazar, en homenaje al Rey Mago al que en varias partes de nuestra región se venera como santo. Según Hernán Penedo, de Audeca, antes de que la asociación se hiciera cargo de la organización las distintas comparsas tomaban espontáneamente la calle Isla de Flores.
Desde las 17.30 desfilaron 35 comparsas de Audeca, aunque ninguna de las ocho afiliadas a Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (Daecpu). Para Penedo, el desfile de San Baltazar se disfruta mucho más que el del concurso oficial porque no hay competencia y tanto quienes desfilan como los que van a mirar se preocupan más que nada por apreciar el “borocotó chas chás”.

Todas las fotografías pertenecen al autor y administrador del blog. 



Durante el desfile, que fue por Isla de Flores desde Yaguarón hasta Lorenzo Carnelli, parecieron borrarse las diferencias entre los centenares de espectadores y participantes y parecía no importar el color de piel ni la clase social, ni el lugar de nacimiento. Muchos dijeron haber presenciado la fiesta toda su vida, aunque no necesariamente fueran de los barrios Sur y Palermo. Algunos turistas que se encontraban por primera vez en Uruguay destacaron lo pintoresco de la fiesta y la seducción del ritmo del tamboril.

Por su parte, Carlos Lago, vecino de la zona desde que nació, hace cerca de 80 años, recordó que al principio era sólo una fiesta de los negros y lubolos (blancos que se pintan la cara de negro) que con los años fue tomando mayor popularidad. El primer desfile en el barrio se realizó en los 50 y participaron sólo cinco comparsas. Estuvo a cargo de una comisión vecinal y pocos años después su organización fue tomada por la Intendencia de Montevideo, recordó Lago.

Ahora centenares de personas disfrutaron de la fiesta, acompañados de refresco, vino, cerveza o mate, además de los mosquitos, que fueron tema de conversación entre varios.
El origen del nombre “llamada” aludía originalmente, al parecer, a que los tamborileros se iban sumando, pero se aplica cada vez más al hecho de que el público es convocado a la algarabía." Tomado de La Diaria.

Album fotográfico del autor en Flickr. Público.

https://flic.kr/s/aHskQwFwdi



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